23 de mayo de 2007

Pueblos

Una pared de cal blanca al sol, por donde asoma una tímida cabeza desde la puerta; mirando de reojo cómo pasa por allí la vida y sus escasos transeúntes. Se hace sombra con la palma de la mano sobre sus ojos, para poder distinguir las siluetas.

Es una mujer mayor, con rostro arrugado, que mira curiosamente; intenta reconocer esas voces nuevas que pasan por su calle; esa calle que atraviesan hoy gentes de fuera, desconocidos que andan más perdidos que sus años.

Son forasteros que preguntan por un lugar para tomar un café;
ella les indica el bar de la plaza, donde paran los hombres, los habituales de siempre;de vez en cuando algunos visitantes que van de paso les sorprenden.

Le dan las gracias y se marchan, pero ella se queda mirándolos con atención; pocas novedades hay entre estas calles, donde siempre viven las mismas caras, hasta que poco a poco van “cayendo”, como ella dice; todos temen ese día, pero saben que serán bien acompañados por sus incondicionales y eso les alivia.
Pocas palabras, curiosas miradas y vuelta al interior de los quehaceres de la casa…

Un pueblo escondido y de paso, donde la vida tiene pocas novedades y todos se conocen.
Hace tiempo que no hay bautizos, algunos vuelven simplemente de visita, pero otros sólo vuelven para quedarse, entre unos cuantos cipreses y sus difuntos amados.

Quién añora la prisa en un lugar así… La vida es lenta, porque ni la distancia ni el eterno retorno se anhelan.
Viven entre el silencio y la misa, los vecinos y el ganado, la procesión y las lluvias, el dominó de las tardes, la “camioneta” que llega y la paciencia…
Viven así, en donde nacieron y de donde no piensan salir jamás…

12 comentarios:

LlunA dijo...

Me vino a la cabeza mi "yaya maria". la abuela de mi madre, con su moño color blanco(tenía el pelo larguísimo, ojos azules que nadie más tuvo en la familia....Su pueblo, su vida..
Gracias por este momento!

Tu querida hermana dijo...

Es una foto con demasiada luz para hablar de sentimientos de derrota, los cuales reflejan los que miran sobre los observados (intemporales seres que han descubierto la felicidad en no desear ni temer a nada, ni siquiera a la muerte)

thoti dijo...

.. viví en un pueblecito de 500 habitantes unos años y la verdad es que idealizaba mucho esa vida que al final no era como yo la había imaginado.. pero me hace reflexionar tu post sobre la necesidad de humanizar la vida, de simplicar esta voragine, de asentar y hechar raíces..
.. "quién añora la prisa en un lugar así"…
.. un beso sin prisa..
.. un beso

JuanMa dijo...

Pues yo no puedo evitar que me parezca más bien triste, ese vivir que es sólo un esperar al final.

No es el pueblo, ni el ritmo... Es la falta de futuro.

Besos.

Isabel dijo...

Lluna,me alegro que te haya traido buenos recuerdos..Siempre son bienvenidos,como tú...Un gran abrazo.

Querida hermana,sabes que a mi me gusta la calma que se respira en un pueblo,pero con certeza,no es mi lugar favorito; los pueblos me provocan tristeza...
Un besote grande y eres bienvenida cuando gustes...Anímate más veces...:-)

Thoti,me gustaria que me contaras alguna vez qué te hizo cambiar de idea sobre la vida en los pueblos...A mi me parece que me falta algo en ellos,será la falta de costumbre,eso me faltará seguramente,la costumbre...En fin ,un beso tranquilo,al menos...

Juanma,pues a mi me pone triste todo en principio,cuando llevo varios dias en alguno ya me siento un poco de ansiedad,en vez de paz...;es curioso...,pero no lo puedo evitar.Sere ya demasiado "urbanita",aunque me gusta pasar algunos dias en ellos,desde luego.
Un beso,con la misma sensación que tí al respecto. :-)

Itoitz dijo...

Un pueblo sin alma es solamente una multitud....
En el pueblo de mi abuela se abandonaron a su vejez aguardando la muerte...

Acarillum dijo...

Lo que para unos es triste para otros es normalidad. Lo que es triste es estar en un lugar que sabes que no es el tuyo.
Cuando el desastre de Chernobil, las autoridades rusas procedieron a evacuar a la población de la zona y muchos de los que se negaron a marcharse eran personas mayores que no querian abandonar sus casas por muy solos y aislados que estuvieran. Lo único que querian era esperar, como tú bien dices, ese final donde nacieron y de donde no pensaban salir jamás, por que ese era su lugar en el mundo y para ellos no era triste.

Isabel dijo...

Alberto,cada uno tiene su querencia de forma natural a un lugar determinado,sea el que sea,tal vez porque cuando ese lugar queda dentro de nosotros para siempre es muy difícil que podamos abandonarlo,a no ser por razones mayores;en otros casos la adaptación a un nuevo medio de vida y lugar requiere tiempo y no siempre se consigue.Besos.

Acarillum,es cierto;uno es de donde se siente,y no precisamente a veces de donde uno nace...
A veces la nostalgia de un lugar y la añoranza es terrible...Un beso y gracias por seguir teniendo la paciencia de leerme.;-)

Acarillum dijo...

¿Paciencia? mas bien un placer :). Besos.

Pere dijo...

La vida está hecha de cosas sencillas, aunque nos empeñemos en complicarla. En los pueblos pequeños el tiempo tiene otra medida. Las cosas recobran su verdadero valor. Supongo que también tienen sus cosas negativas: por eso se quedaron vacíos. Pero siempre nos queda la añoranza de un tiempo y un lugar donde se valoraban las cosas sencillas y el tiempo pasaba más despacio. Saludos.

Isabel dijo...

Gracias,Acarillum,eres muy amable y un paciente lector...jeje ;-)
Besos.

Pere,aunque cada vez menos,siguen quedando pueblos donde la vida nunca cambia...
No sé si eso es suerte o no,la verdad...Un abrazo y estoy deseando ver tu serie nueva de fotos...Un besazo.:-)

Eduardo (ejmv) dijo...

Eres capaz de pintar de oro el gris.
Es cierto lo de la tristeza, en cualquier lugar, pueblo o ciudad, cuando no es el lugar de uno.
También creo cierta esa paz del tiempo que pasa sin prisas innecesarias, sin dolores que no se buscan, sin sorpresas que no son nuestras.

Después de leer el otro post, el de la sopa de letras, encuentro que, de nuevo, cada uno encuentra lo que en el momento es capaz de ver, lo que puede sentir o lo que se anima a buscar.