4 de marzo de 2008

En la intimidad

Como una amarga lima, nos dejamos un ácido rastro en la boca, tan llena de palabras huecas y desvaídas.
Un día más nos escuecen los silencios, los dientes apretados y los apagados ojos; ésos que ya no lloran porque olvidaron, a tiempo, casi todos los motivos.

No hay quejas ni reproches, aprendimos a tragarnos y a bebernos nuestros jugos.
Cada día callamos un poco más, hasta quedar hinchados con nuestro aliento.
Sin embargo, casi sin vida, nos seguimos preguntando cómo nos va el día…
Mientras nuestra caduca indiferencia destila, gota a gota, el amargo sabor de la lima.

Fotografia:Eleaf

5 comentarios:

Francisco dijo...

Otro texto muy bueno, buena comparación.
Me gustó, aunque el mensaje que interpreté me dejó un sabor tan ácido como el amargo sabor de la lima.

Saludos

divan dijo...

Con las palabras con las que nos cosemos a la soledad vamos esprimiendo la lima amarga mientras suena un noctambulo piano.

thoti dijo...

.. nunca pude con ese sabor.. pero seguro que algún buen culinario (¿se dice así?) puede hacer algo bueno con el (¿algún cóctel por ejemplo?).. tu texto es muy bueno y describe a la perfección la indiferencia que puede llegar a tener una relación acostumbrada a la monotonía que no encuentra esa chispa tan necesaria que enciende la relación..

.. te mando un beso de sorbete de limón, que no de lima, desde mis colinas solitarias..

Lorena dijo...

Me siento demasiado identificada. Qué magia tienes con las palabras. Te mando un besazo enorme!

Meiga en Alaska dijo...

Qué amargas se tornan a veces incluso las relaciones que en un principio se sienten tremendamente hermosas...

Un beso, guapa