13 de mayo de 2008

Lo que veo

No sé qué es lo que podréis ver a través de las ventanas de vuestras casas; sé de algunas afortunadas que tienen un horizonte marino cada mañana al levantarse, otros se asoman a los tejados y azoteas que les rodean, divisando a lo lejos altas lomas; pero es cierto que todo esto viene a cuento de los 22 años que viví observando, frente a mí, la casa de los vecinos.

Ni demasiado cerca, ni tampoco tan lejos como para poder ignorarlos; quizás por eso siempre he sentido la necesidad de espacios abiertos, sin tener que padecer esa terrible sensación de sentirme en un escaparate.

Sobre todo cuando a las vecinas les gusta distraerse mirando la vida ajena.
Ahora se me viene a la cabeza la genial película “La vida de los otros”, tal vez porque precisamente la vida de los otros “engancha” demasiado a algunas personas. Acaso la realidad siempre es mucho más excitante que la ficción televisiva.
En mi caso, nunca me ha importado la vida ajena, simplemente porque me gusta que respeten mi intimidad.
Y sentirme observada no es mi plato favorito.

Estoy recordando todo esto porque cuando tuve ocasión de elegir una nueva vivienda me fui a vivir a un edificio elevado, en el que cuando miro por la ventana la ciudad parece quedar a mis pies.
Ahora me gusta mirar cada día el horizonte y el cielo, porque me ofrecen una pintura diversa, llena de tonalidades distintas, nubes de diferentes colores y formas, ocasos que no se pueden describir por su indefinido color.
Veo lluvias torrenciales, granizo o lloviznas; ventiscas interminables, relámpagos, luces de neón,incluso fuegos artificiales a menudo;también pájaros que vuelan, cigüeñas que pasan y anidan cada año,un bosque de grúas que sobresale entre los edificios y ,al final,una ciudad que late y brilla en la noche.

Creo que ha merecido la pena aprender que, más allá de las ventanas, hay mucha más vida que personas y que, siempre, puede haber algún amable vecino que, de manera totalmente desinteresada, te demuestre lo contrario.


Imagen: Isabel García

17 comentarios:

El búho rojo dijo...

La vida ajena sigue siendo más emocionante que la propia, y más ahora que la TV se empeña en acercarnos las grandezas y las miserias de populares y anónimos...

El "cotilleo" siempre ha sido una actividad popular y supongo que siempre lo será... pero cuando dispones de la intimidad que necesitas, todo lo que ves, sea lo que sea, está cubierto de un manto de tranquilidad que le confiere un especial brillo...

Me alegro del cambio

Un beso

El Secretario dijo...

Hola Isabel.

A mí me gusta más poder contemplar un paisaje abierto (sea campo o playa) que un paisaje de ventanas, ropa tendida y cotilleos.

Lo que tú tienes ahora (la ciudad a tus pies...), tampoco está mal. Te sentirás como Cristo cuando el demonio le ofreció el mundo : D

Bromas aparte, creo que en muchas ocasiones nos despierta la curiosidad la vida de los demás.
Dicen que no hay nada que la despierte más que "la obra en casa del vecino".
Las molestias que la acompañan te llevan a preguntarte: "¿Qué estarán haciendo?"

Algún día escribiré algo sobre esto ; )

Abrazo sin cotilleos.

Cecilia Alameda dijo...

Desde las alturas, el mundo cobra otras dimensiones. Los paisajes, las personas, los autos presentan una aspecto tan distinto que uno debería reflexionar sobre su verdadera consistencia. Echo mano de un libro de relatos sobre mi ciudad, y copio un parrafito.

"Desde la planta treinta y dos las calles se ven aún más pequeñas: los coches son miniaturas grisáceas que basculan sobre las tiras negras de asfalto, las personas parecen hormiguitas al pie de las fachadas de los edificios. Buscas entre las ramas tupidas de los árboles y el reflejo plateado del agua, que fluye de las fuentes y se remansa en los estanques, las aristas de la mole de piedra junto a la que cabalga, infatigable, Alonso Quijano".
Un saludo.

Camille Stein dijo...

ojalá tuviera yo una vista desde mi ventana como la que tú tienes

vivo en un piso bajo, en una zona antigua, y veo la casa de enfrente... sólo vislumbro un trocito de cielo

ojalá viera yo el horizonte... :)

un beso

JHWH dijo...

Sabes que yo soy mas de tejados y azoteas. De los discretos, eso si.
Veo que puedes mirar al sur. Me gusta mirar al sur.
Bso.

brujaroja dijo...

Lo único malo de las alturas, para mí, es el asunto del vértigo. Vivo en un sexto piso, pero como el panorama es muy abierto, se reduce esa sensación. Lo que resulta bastante asfixiante es justamente tener que compartir necesariamente la vida de los demás. Está muy bien cuando va Hitchcok y hace una peli,pero por lo demás...
Fantástica tu perspectiva... esas nubes, madremíademivida...

Isabel dijo...

Pablo, es una lástima que se sienta más interés por la vida
ajena que por la propia,sobre todo cuando nos queda tanto por hacer con nosotros mismos.Un besazo,amigo.

Secretario ,jaja,cuánta gracia me ha hecho "la curiosidad que levanta la obra del vecino".Me río cuando recuerdo momentos que podrían ilustrar exactamente lo que dices.A veces no saben qué inventar para ver un poco de qué va la cosa y cómo está quedando jaja.Me alegra tu visita,como siempre.Vuelve pronto ;-)

Cecilia,como ya te he dicho, ha sido una sorpresa maravillosa leerte,además tus palabras me recuerdan una entrada que escribí hace tiempo en la que decía,imaginándome poder estar en las alturas, que era una lástima que, desde allá arriba, con el dedo sólo pudiera señalar...
Las alturas es lo que tienen, pueden provocar extraños efectos.Un beso,amiga.;-)Es un placer haberte conocido.

Camille,¿estás seguro que no lo ves?,¿de verdad?
Pues creo que tú ves mucho más allá de lo que imaginas,sólo hay que pasar por tu blog. ;-)Un abrazo y recuerda que, a veces ,las mejores vistas son las interiores.:-)

Jhwh,bueno pues yo también contemplo muchas más azoteas que tejados,la verdad;pero mirar al sur me regala unas puestas de sol maravillosas.De eso, te puedo asegurar, que nunca me he quejado.
;-)Un beso.

Brujaroja,no me importaría cambiar mi vista por la tuya en absoluto.
;-)¡Qué mar, "madremiademivida"!Dale recuerdos de mi parte. :-)Un abrazote.

Mandarina azul dijo...

¡Isabel! Echaba de menos tus hermosas reflexiones...
Desde mis ventanas veo cielo y veo montañas... Pero lo que yo daría por ver el mar, ay...
Un beso enorme y cariñoso, Isabel.
Me voy como he venido, corriendo... últimamente siempre corriendo.
:)

LlunA dijo...

Como me gustaría abrir mis ventanas y poder ver el mar...aunque no estoy lejos de él pero unos edificios bien feotes me lo tapan...Me quedo con las nubes, los pájaros...hasta con los mosquitos y la montaña que veo a lo lejos...y así pierdo de vista a vecinos, ropa tendida...

Isabel dijo...

Manda,amiga,cómo se nota el cambio de ritmo en los blogs que visitamos;acabamos echando de menos el sentir ajeno y sus palabras.Hay que reconocer que se crean lazos,desde luego eh.Me alegra tu visita rápida,al menos, seguimos en contacto.Un besote y te deseo menos estrés. ;-)

Rocio, es curioso, pero a veces cuando os leo tengo la misma sensación que si abriera una ventana con una vista maravillosa...Es que desde mi punto de vista tengo la suerte de contar con unas vistas muy especiales cuando os "miro";-)
Un besote,amiga; al menos tienes el mar mucho más cerca que yo.

thoti dijo...

.. preciosa foto ISabel.. yo vivo en una calle peatonal y lo que más me gusta es que siempre hay niños jugando..
.. un beso con impulso hasta tus alturas..

Isabel dijo...

Thoti,en el fondo nadie nos puede negar que seguimos conservando ese niño-a que fuimos dentro de nosotros,y que nos dure mucho tiempo ;-)
Un besote,amigo.:-)

Fernando Manero dijo...

Dicen que los amplios horizontes avivan la mente y reconcilian a quien los ve con el paisaje y el entorno. Es verdad. Se tiene una sensación distinta del espacio y a veces el tiempo se nos antoja también más calmo y relajado. Te felicito porque puedes disfritar de los "campos abiertos". No sabría existir sin ellos. Por eso me gusta esta reflexión que haces. Y afortunada eres, porque no has perdido el tranvía que te ha perdido salir de la calle de la Melancolía. No sé si te gustará Sabina, pero esa canció me impactó cuando la oí. He descubierto tu blog en el de Cecilia Alameda. Excelente

38 grados dijo...

en muchas ocasiones los paisajes desde nuestras ventanas no son idílicos, pero lo importante es que permiten entrar la luz, la vida.
Y el aire fresco que tanto nos reconforta.

un beso

José María Díaz dijo...

Se ve que tienes unas vistas privilegiadas, desde arriba se percibe todo de distinta manera. Mis vistas son a la piscina comunitaria, y al vecino del quinto que se ha decidido por enseñarnos sus verguenzas al resto de la comunidad... un día de estos le hago una foto!

Isabel dijo...

Fernando,ante todo me alegra que hayas decidido dejar tus palabras aquí,para que podamos conocerte los que no te conocíamos aún.Es un placer contar con los espacios abiertos y las "mentes amplias",espero que nos sigamos a menudo.Por cierto,Sabina me encanta.Un abrazo.:-)

38 grados,creo que los mejores paisajes,por muy hermosos que sean los naturales ,son los que nos ofrecen las personas que nos importan; en ellos encontramos lo que no vemos en la realidad que nos rodea.Un beso,amigo.

José María,si te soy sincera,me gusta mi panorámica,pero sigo prefiriendo, por encima de todo, una cabeza de visión amplia,que no es lo mismo.Me alegra tu vuelta por aquí,un besote. :-)

Mandarina azul dijo...

Desde luego que se crean lazos, querida Isabel. Entre nosotras hay ese lazo, yo lo siento así.

:)