
En la mañana del primer día del año, como es costumbre desde el año 1939, en Viena se celebra el concierto de Año Nuevo, interpretado por la Orquesta Filarmónica de Viena y dirigido cada uno de ellos, a lo largo de todos estos años, por los mejores directores del mundo.
Es un concierto que se emite en directo por tv para diferentes canales de una gran diversidad de países.
Siempre que tengo ocasión intento escucharlo y verlo, evidentemente.
Este año ha estado magistralmente dirigido por el director y pianista Daniel Barenboim; el cual, aunque parezca algo increíble, tiene ciudadanía israelita y palestina.
Dicho director fundó, junto al filósofo palestino-estadounidense Edward Said, en 1999, la Orquesta West-Eastern Divan.
Cada verano se dan cita en Sevilla jóvenes músicos israelitas y árabes para participar juntos en un taller formativo y, con posterioridad, hacer una gira de conciertos; dando ejemplo con sus ideas basadas en la paz y la tolerancia.
En el año 2004 se creó la Fundación Barenboim-Said, con sede también en Sevilla y financiada por la Junta de Andalucía, con la finalidad de desarrollar proyectos educativos a través de la música,basados en los principios de convivencia y diálogo promulgados por Said y Barenboim.
De este modo se están llevando a cabo proyectos como la Academia de estudios orquestales de Sevilla, el Proyecto de Educación Musical en Oriente Medio y el Proyecto de Educación Musical Infantil en Sevilla.
Este año, durante el concierto de Año Nuevo su director, Daniel Barenboim, ha vuelto a demostrar su sensatez al hacer un nuevo llamamiento por la paz entre israelitas y palestinos desde el mismo escenario.
Está claro que la música sirve para unir; y no sólo acordes y notas para que suenen afinadas después en una melodía, sino también la tolerancia y la concordia que promueven, por suerte, algunas personas.
Durante la retransmisión del concierto se pueden disfrutar algunas bellas imágenes de paisajes naturales austriacos que la televisión va intercalando, mientras en la sala se desarrolla el concierto.
Pero este año hubo una imagen que llamó mi atención, y no fue precisamente por la belleza austriaca.
Todos los contrabajos que tocaban en la orquesta tenían un aspecto impecable, menos uno de ellos,que presentaba un acabado mucho más envejecido y estropeado.
A pesar de que no lucía como los otros, era evidente que sonaba perfectamente afinado.
Eso me hizo pensar también en las personas; puede que no todas tengan un aspecto impecable, joven o cuidado pero, al igual que este contrabajo, si las ideas están bien “afinadas” es evidente que todo lo que se dice suena afinado y acorde con lo que se hace.
Quizás es que nos está haciendo falta aprender, o al menos escuchar, mucha más música; para que se apacigüe nuestra forma de pensar y actuar.
El caso de Daniel Barenboim es un claro ejemplo...
Imagen:
Periódico El Mundo